LA PREVIA

Me lo pasé tan bien en mi último viaje a Marruecos con la Rieju (aquí lo cuento), que cuando me llegó la publicidad de la Trip&Track Túnez organizada por O2Riders, no pude resistir la tentación de apuntarme.

He acertado de pleno con esta moto. Me permite seguir gozando el off road más extremo. Donde con una moto grande estaría sufriendo, o simplemente no lo podría hacer, con la Rieju voy disfrutando a tope. Cuanto más se complica la cosa, mejor me lo paso. Por eso me decidí a ir Túnez con ella, un país conocido por sus traicioneras dunas de arena blanda, y donde no me había atrevido a ir hasta ahora. Aquí iba a poner realmente a prueba a la 307.

Además, conseguí animar a los mismos locos con los que fui a Marruecos: Lluís (KTM890R), Enric y Edu (Yamaha Tenere 700) y también se apuntó otro buen amigo: Albert (KTM690R). Con estos cuatro me puedo ir al fin del mundo, hemos vivido mil batallas juntos y la diversión está asegurada.

Los 5 inseparables. Miles de km y muchas batallitas juntos

He participado en muchos viajes y eventos organizados por Pere y Alberto (O2Riders) y siempre me lo he pasado muy bien. Convierten un viaje organizado en un viaje ente amigos. Buen rollo y diversión a tope, pero con la tranquilidad de saber que detrás hay una organización para sacarte de los atolladeros, y eso en un sitio como Túnez es fundamental.

Suelo organizar mis viajes sin asistencia, pero de vez en cuando es muy agradable sólo preocuparse en coger el avión y llegar a un sitio donde te estén esperando la moto y el equipaje. Por tanto, esta vez no me hacía falta llevar gran cosa en la moto. Una bolsa Kriega en el porta paquetes de la moto con un impermeable, gafas y guantes de repuesto, algo de recambio y poca cosa más. Un gustazo.

PREPARACIÓN DE LA MOTO

La idea era ir a este viaje ya con el kit de potencia instalado. Unos días antes me enviaron un prototipo, pero el colector bajaba demasiado y no me dejaba fijar el cubrecarter (aquí cuento cómo va el kit). Por tanto, a Túnez fui con la moto de serie, excepto el escape que me dejaron para ir a Marruecos y el puño de gas rápido que instalé unas semanas antes (aquí cuento cómo va el puño).

Los días previos le cambié los neumáticos por unos Anlas Capra Extreme que tenía en casa, endureros, fueron muy bien pero no sé si durarán mucho. Puse un mousse Michelin M16 nuevo delante -el M15 que llevaba lo destrocé en Marruecos-, mientras que el M02 trasero seguía en perfecto estado y lo pude aprovechar.

También instalé unas pastillas de freno nuevas, en este caso Galfer, que suponen una mejora importante a las de origen. Cambio de aceite, filtro de aire limpio, uno de recambio que me llevé y listo. La Rieju pide poco.

A nivel de herramientas, con la ayuda de August Castellá (Rieju), he podido poner en la moto todas las herramientas y recambios necesarios, (aquí lo cuento).

En cuanto a la navegación, sigo usando el mirror link. Llevo un pequeño móvil rugerizado en un soporte SP Connect con el módulo anti vibración. De momento va alimentado por USB y envía la señal al tablero de instrumentos de la moto. No aprovecha toda la pantalla, pero se ve muy bien. Ahora tocará buscar con calma una solución más definitiva, sobre todo porque no me fio de la alimentación por USB.

EQUIPO PILOTO

Preveyendo calor y que no llovería, esta vez dejé el equipo trail en casa (aquí analizo la gama Adventure de Fox) y preferí ir con el equipo de enduro, también de Fox. Me llevé la Chaqueta Defend en la que puedo sacar las mangas, pantalón Legion con buenos bolsillos, camiseta 180 Bnkr, botas de enduro Motion, cómodas y con membrana impermeable, el ligero y cómodo casco V3, gafas polarizadas para ver bien los relieves de las dunas, guantes de enduro y de neopreno, protecciones blandas Forcefield Pro Shirt, rodilleras EVS Epic y los imprescindibles intercomunicadores Cardo con los que podemos avisar de los peligros a los compañeros…y echarnos unas risas de vez en cuando ;).

Para hidratarme llevé la mochila Kriega Hydro 3 que se puede ampliar con otras bolsas de Kriega, pero no fue necesario.

Fue una buena elección ya que no me sobró ni faltó nada.

Equipación Fox de enduro de los pies a la cabeza

EL VIAJE:

Mientras Alberto y Pere nos llevaban las motos y los equipajes hasta Djerba, nosotros bajábamos del avión con una pequeña mochila con los más básico. Súper cómodo.

En Djerba fuimos directo al hotel donde fueron llegando el resto de participantes del viaje. Pere y Alberto nos dieron nuestras enormes bolsas con todo el equipo: botas, casco, protecciones, recambios, etc. para que lo pasáramos a una bolsa más pequeña, donde solo pondríamos la ropa de calle y lo que necesitáramos en los hoteles. El equipo de moto ya lo llevaríamos puesto. Esa bolsa (muy chula, por cierto) nos la íbamos encontrando en los diferentes hoteles, así no había que llevar nada en la moto.

Tras dejar las cosas en las habitaciones del hotel nos reunimos todos para el briefing del primer día. Enseguida vi que la cosa iba a ser divertida, el grupo estaba compuesto por gente con mucho gas y ganas de pasarlo bien. En total éramos 15. Nosotros 5 más Álvaro (DRZ4S), Yelco (701), Oliver (KTM 450 Rally), Richar (Fantic 450 Rally), Kike (701), Albert (Kove 450 Rally), Albero (KTM 890), Climent (Ktm 690), Francisco (KTM 500) y Pedro (701).

Con Alberto descargando las motos

ETAPA 1: DJERBA – GAFSA, 340 km

En la salida se hicieron varios grupos: A nosotros se nos unieron Alberto (890) y Climent (690), dos tíos majísimos que ya conocía y que dan mucho gas, a partir de ahí ya iríamos todo el viaje juntos.

Djerba es una isla, y por eso tuvimos que coger un ferry para salir de ella. Luego tuvimos un tramo de asfalto hasta que empezaron pistas muy rápidas y arenosas. En un punto había una variante más “hard” que pasaba por pequeñas dunas y hierba de camello que ya empezó a complicarles la vida a los de las motos gordas. Más adelante nos encontramos con el inmenso lago seco (chott) El Djerid, una extensión interminable que en este caso bordeamos por el este.

El el Ferry, saliendo de Djerba

Allí nos pusimos a jugar un rato haciendo salidas en parado, derrapando… el suelo es increíblemente plano y permite hacer el loco. El riesgo era que, tras las últimas lluvias, cuando menos te lo esperabas, bajo una fina capa de tierra seca estaba otra más húmeda o incluso barro. En una de las derrapadas, uno de los integrantes del grupo lo pudo comprobar. La moto se le fue de lado completamente y los dos salieron deslizando, uno por cada lado, un montón de metros. Nos reímos un rato.

Los primeros contactos con la arena

En el Chott El Djerid

Aquí, la Rieju era la moto menos excitante. Con pocos CV no se podía hacer gran cosa 😀

Llegábamos a Gafsa sin más novedades. Allí nos esperaba la pickup de Pere con nuestros equipajes. Ducha, cena, risas y a dormir.

ETAPA 2: GAFSA – TOZEUR, 286 km

La salida de Gafsa fue un poco traumática. Muchos kilómetros cruzando vertederos de basura. Ese es un problema grave de Túnez (y de otros países africanos), las basuras se tiran de forma indiscriminada por cualquier sitio. En descampados o al lado de los caminos y carreteras te encuentras con bolsas de basura, coches quemados, runas de las obras… Sabes que llegas a una población por los plásticos que vas encontrando por doquier, una pena.

Luego entramos en una cantera inmensa. Hicimos muchos kilómetros en ella hasta que el track desapareció bajo toneladas de piedras y rocas removidos. Tocó improvisar y nos metimos en un buen berenjenal. La única forma que encontramos para llegar al track fue meternos por una bajada infernal de piedras que fue un calvario para las gordas.

La inmensa cantera

¡Menuda bajada para las motos grandes!

Con la 307 pude bajar sin problemas, pero me entraba sudor frío pensando en hacer lo mismo con una moto de esas, ese tiempo ya ha pasado para mí. Tras bastante sufrimiento, alguna caída y tenerse que ayudar entre ellos, consiguieron reunirse conmigo y con Albert (KTM690) que les ayudó. ¡Prueba superada!

Por fin salimos de la cantera y empezamos a subir. Pasamos por un par de oasis de montaña, es espectacular encontrar esas zonas verdes en medio del secarral. Donde hay agua, pasas de la sequedad absoluta al verde intenso de las palmeras. En uno de ellos pudimos seguir el cauce del río por un cañón digno de las películas de Indiana Jones, con cascada incluida. Precioso.

Los 7 magníficos. De izquierda a derecha: Albert, Enric, Alberto, Edu, yo, Climent y Lluís

Seguimos adelante cruzando las montañas por la pista Rommel que, a pesar del nombre, no queda claro que la hiciera construir el famoso general. Las vistas desde lo alto de esta rota y tortuosa pista son maravillosas. Al bajar, teníamos que pasar por otro chott, el Gharsa, pero nos llamó Alberto para avisarnos que no nos metiéramos allí ya que estaba impracticable. Uno de los del grupo había sumergido completamente la moto. Suerte que los chicos de O2Riders llevan una moto de recambio por si hay percances y pudo seguir el viaje.

La pista Rommel

Vistas desde la pista Rommel

Nuestra próxima parada sería Mos Espa, uno de los lugares donde se filmó Star Wars. El sitio es curioso, un poco cutre y abandonado, es uno de los reclamos turísticos de la zona. Pero lo que más nos gustó fue poder jugar por las dunas que lo rodean, con alguna subida fuerte que me sirvió para comprobar que la 307 subía mejor de lo que esperaba.

La protagonista de la nueva película de Star Wars

¡Que difícil es la arena con motos pesadas!

Al cabo de un rato nos vinieron a buscar unos jóvenes que estaban filmando un cortometraje allí y querían que saliéramos en su película. ¡Igual nos vemos en la próxima saga galáctica!

Cuando nos cansamos de la arena nos fuimos al hotel, día bien completo.

Con la versión low cost de Chewbacca, el compañero de Hans Solo

ETAPA 3: TOZEUR – DOUZ, 220 km

En este viaje teníamos como asistencia rápida a Alberto en moto y a Brahim, un guía local con su pickup, que nos íbamos encontrando por el camino. Luego estaba Pere que nos llevaba el equipaje de hotel en hotel. Brahim llevaba agua, fruta y gasolina ya que es fácil encontrarte una gasolinera a la que se le haya acabado el suministro. Eso nos pasó un par de veces, pero por suerte allí estaba Brahim con su eterna sonrisa.

Repostando con Brahim, al lado de una gasolinera…sin gasolina

En esta etapa pasamos por el espectacular cañón de Sidi Bouhlel, escenario de varias películas, visitamos el mausoleo del mismo nombre y desde allí fuimos bordeando de nuevo el chott El Djerid en dirección a Douz. Aquí las pistas eran rapidísimas y me costaba más seguir a los de las motos gordas que estaban en su terreno ideal.

Al fondo los oasis verdes

Los siete con Albert (Kove 450 a la izquierda)

Siempre de broma: Edu y Alberto

Ya cerca de Douz empezaba la arena de verdad y algunas dunas súper blandas que en el track estaban marcadas como “dune park&play” 😉 . Allí los de las motos ligeras pudimos ir a jugar mientras que los de las gordas nos miraban con dientes largos. Esas dunas son muy jodidas, no te puedes relajar ni un segundo, te quedas clavado a la más mínima, pero la verdad es que con la 307 me defendí bien a pesar de que la arena no es mi fuerte.

Creo que el problema que tengo con la arena es mi origen trialero. Me gusta tener controlada, pero en la arena hay que dar gas y dejarla fluir, y eso me cuesta mucho de asimilar. Sin embargo, con la Rieju me divertí, nada que ver con lo que he sufrido en arena con motos más pesadas. Diría que es la moto perfecta para este tipo de viajes. Por carretera y pistas rápidas es cómoda, tiene tanta autonomía que podía acabar la jornada entera sin repostar, y a la que se complican las cosas su poco peso y tamaño compacto ayudan a superar los problemas sin esfuerzo.

Llegamos a Douz “la puerta del Sahara”. Allí empieza el Gran Erg Occidental, un mar de dunas que se extiende miles de kilómetros hasta las fronteras de Argelia y Libia. Por la noche, en el briefing, Alberto nos explicó que la siguiente etapa sería 100% off road y 100% arena. Además, nos pasó una variante que se metía en el corazón de las dunas para los que quisieran complicarse la vida. Venía la etapa reina del viaje.

Empezaba la arena de verdad

Nadie se libró de alguna enganchada

Aquí nos enganchamos los tres!!

Impresionante mar de arena

ETAPA 4: DOUZ – ZMELA, 170km

Desde el primer kilómetro ya se vio que la ruta sería complicada para las motos grandes. Incluso yo, con la 307, tenía que estar muy concentrado para no quedarme clavado. Cuanto más avanzábamos más se complicaba. Empezaron las enganchadas, alguna caída leve… pero eso iba desgastando tanto a los pilotos como a las mecánicas, hasta que el embrague de una de las 890 dijo basta en medio de la nada.

Culo atrás y gas!!

Aquí se acabó el viaje para Lluis. Embrague quemado.

En otra ocasión habríamos tenido un problemón, pero esta vez teníamos las espaldas cubiertas. Todos llevábamos balizas, gracias a lo cual estábamos perfectamente localizables, y al cabo de un rato de espera llegó Brahim con su pickup Toyota (¡que fino va ese coche!!). Verlo avanzar por las dunas con esa tranquilidad es un gustazo, ¡que dominio del terreno!!. Moto cargada y para el hotel. Desgraciadamente a Lluís se le había acabado el viaje en moto, pero la experiencia en la pickup de Brahim tampoco estuvo mal.

Para Brahim la arena no es problema

Así seguiría el viaje la 890

Al cabo de un rato llegamos al punto donde se desdoblaban los recorridos. Los de las bicilíndricas y alguno más que no se quería complicar la vida siguieron el track. Los conozco bien y tanto Enric como Edu van muy bien por la arena, les debía costar mucho tomar esa decisión, pero lo de Túnez es diferente, hicieron bien, habría sido un infierno. El resto, con Alberto como guía nos metimos dunas adentro.

Tengo que reconocer que el día anterior había decidido ir por el track “sencillo” pero llegué tan bien a este punto que decidí atreverme. Teniendo a Alberto, al resto de compañeros y la asistencia de O2Riders era el momento de probarlo.

El mar de dunas impresionaba, no tenía final. Según me han dicho, muchos dakarianos vienen a entrenar aquí ya que son muy complicadas, nada que ver con las grandes dunas de Marruecos. Estas son pequeñas, desordenadas, de arena muy blanda e imprevisible, generalmente cortadas por un lado, y formando pequeñas ollas en las que si te metes cuesta mucho salir. Me parecen imposibles con una moto pesada.

Lo que me esperaba!

Cortadas por un lado pequeñas pero muy blandas… aquí se hace un máster en arena

En el grupo había gente de dominaba mucho, aun así, quien más y quien menos tuvo alguna enganchada. También yo, pero pude salir por mis propios medios, lo que me alegró mucho. Ya llevábamos bastante rato por la arena cuando uno del grupo se quedó encallado. Me paré para no dejarlo sólo y comprobar que podía salir. Cuando lo hizo salí yo. Me costó un poco salir con la arena blanda y cuando lo hice di gas a fondo para pasar la olla que tenía delante y subir a la siguiente cresta. Lo que no pensaba es que subiría tan bien que salí volando y al caer se me clavó la moto saliendo por los aires. Las dunas parecen blandas hasta que te caes, me pegué un buen revolcón, por suerte sin más consecuencias que estar algo dolorido un par de días. Uno ya no se recupera de las caídas como antes 😀

Qué preciosidad

Se tenía que cruzar todo eso

Qué fácil es clavarse así y que difícil sacar la moto. Al cabo de poco estás desfondado.

Climent y Alberto

Debajo de esa nube de arena hay una moto

El cansancio iba haciendo mella y no se veía el fin. Al contrario, las dunas eran cada vez más altas. Pero la pequeña Rieju seguía adelante sin el menor problema, generalmente en segunda marcha, tercera si no había mucha pendiente, y no daba signos de fatiga ni de calentarse, sorprendente.

Poco a poco le fui cogiendo el tranquillo y al final la 307 y yo íbamos disfrutando y surfeando por las dunas, ¡qué experiencia!

Mientras tanto, me fijaba en «los vascos» (no son vascos pero casi 😉 ). Cómo iban por las dunas!, ver a Oliver con la 450 Rally pegando saltos era todo un espectáculo.

Dunas cada vez más altas

Se acercaba el final

¡Lo conseguimos! una Coca Cola de premio con unas chicas catalanas que estaban por allí

Pasamos por un fuerte romano en ruinas (¿qué hacían los romanos en un sitio así?), llegamos al Ksar Ghilane, un lugar donde hay un lago de agua caliente en el que te puedes bañar en medio del desierto, luego pasamos por las ruinas de un castillo romano (qué hacían allí esos romanos!!) y de allí ya al campamento de haimas en medio del desierto donde acamparíamos esa noche.

Ksar Ghilane

Fue bonito ver cómo hacían el pan en la arena (estaba buenísimo), a cenar y a dormir en una haima bajo las estrellas y un silencio absoluto… bueno, excepto por los ronquidos de los compañeros 😉

Esta era la vista desde el campamento

ETAPA 5: ZMELA – DJERBA, 340km

Salimos de Zmela pisando aún arena y algunas dunas, pero poco a poco las pistas fueron cambiando, el terreno era más pedregoso mientras íbamos cruzando planicies inmensas. El desierto impresiona pero aún más la capacidad de adaptación que tienen sus habitantes ¿Cómo es posible poder vivir en un entorno tan hostil? En medio de la nada encontramos haimas aisladas. Una familia, unas pocas cabras. ¿De qué viven?

Y mientras nosotros pasamos de largo con nuestras motos y equipos carísimos, ellos deben conformarse con lo poco que tienen. El mundo está muy mal repartido.

La mañana pasó volando, el ritmo altísimo. Luego ya sólo quedaba una etapa de trámite para llegar a Djerba… o eso creíamos. Cuando llegamos a Foum Tatahouine el cielo empezó a oscurecerse, el viento soplaba con mucha fuerza y nos encontramos metidos en una tormenta de arena que casi ocultaba por completo las pistas y carreteras. ¡Ya podíamos decir que habíamos tenido de todo!

En estas condiciones tan incómodas llegamos al hotel en Djerba. Allí nos esperaba Pere. Tocaba meterlo todo de nuevo en las bolsas que nos traerían a casa. El viaje había acabado. Otra experiencia inolvidable, otro grupo de amigos nuevos… Cena y copas de despedida y a dormir. Al día siguiente avión y a casa, más cómodo imposible.

EL POST-VIAJE

Un par de días después recuperaba la Rieju. En todo el viaje sólo tuve que tensar un poco la cadena y cambiar el filtro de aire. Al llegar a casa le hice una limpieza a fondo (salieron montañas de polvo y arena) y a revisar cómo estaba. Impoluta, no supe ver ni un solo desperfecto, lista para dar gas de nuevo. Llevo 5100km, la mayoría muy duros: Marruecos, Túnez, salidas muy endureras… y la moto ni se inmuta. Lo siento por los queridos haters de esta moto, de momento un 10 para ella.

La 307 me está dando mucha vidilla. Puedo seguir haciendo rutas complicadas que con una moto más grande no podría, y se diferencia de una enduro en que los enlaces por asfalto son más cómodos, tiene mayor autonomía y menos mantenimiento.

En cuanto a mí, siempre que vuelvo de un viaje de estos, tardo un tiempo en volver a la normalidad: por la mañana no hay que estar pensando en el equipaje, en el track, en tenerlo todo a punto…

No hay esa sensación fantástica del primer soplo de aire en la cara cuando arrancas la moto, los buenos ratos y las risas con los amigos, los momentos de adrenalina a tope cuando se complica el camino y, en este caso, el privilegio de poder rodar por esos paisajes espectaculares… ya sabéis a qué me refiero, pero quien no ande en moto no podrá entenderlo.

Por suerte ya tengo un nuevo destino: Kirguistán!!

Ya os contaré

Limpia y repasada, lista para una nueva aventura

La preciosa KTM 450 Rally de Oliver

Climent

Edu

Alberto