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En el colle dell’Agnello

 

Tras la ruta circular de ayer, hoy nos tocaba ir hacia el norte, de Tende al valle Argentiera cerca de Sestriere, donde los chicos de 30MPS Expeditions habían previsto una noche de acampada. Por fin podría acampar en ese precioso valle, lo había intentado en mis dos anteriores viajes y no lo había conseguido.

Tras hacer la cola típica para pasar el túnel de Tende (es de una sola dirección), nos esperaban unos primeros kilómetros sin demasiada historia hacia Borgo San Dalmazzo (cerca de Cuneo) y luego hasta Demonte donde empezaría lo bueno.

Una estrecha y preciosa carretera que subía sin parar nos llevó hasta el Colle di Valcavera donde se acabó el asfalto y empezaba la pista de la Maita Stura. No lo puedo asegurar pero creo que se llama así por unir los valles de Maira y Stura. Pasé por allí hace unos años con la Super Ténéré pero guardaba tan buen recuerdo que tenía muchas ganas de volver. El panorama es increíble y más en un día despejado como el que tuvimos.  Es de esas pistas que cuesta creer que aún sean transitables con vehículos a motor… veremos hasta cuando.

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Al llegar al Colle de Preit vuelve a aparecer el asfalto en una carretera que baja rápidamente hacia Marmora. De allí nos dirigimos a un pequeño restaurante que 30MPS había reservado.

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En el colle de Preit

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Bajando del colle de Preit

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Una vez sentados y con un hambre terrible vino la simpática camarera que nos empezó a recitar el menú. A cada plato que nos cantaba le decíamos que si al unísono hasta que en un momento dado y en italiano nos dijo si lo queríamos todo: tutto?. Alguien dijo que si, tutti!, a lo que nos sumamos todos: TUTTI, TUTTI!!!

En pleno jolgorio apareció Miguel Checa, el organizador del viaje. Mientras nos desmadrábamos con el “tutti”, él estaba dentro del restaurante organizando un menú unificado para que no perdiéramos demasiado tiempo. Esos cinco minutos sin el “boss” habían sido suficientes para liarla gorda, su cara atónita al ver la que estábamos armando era para morirse de risa, por suerte llegó a tiempo para parar a la camarera y poner orden.

Tras el descojone, a partir de entonces el grupo de wats pasó de llamarse “Alps Experience” a “tutti tutti tour”, genial!.

Compartimos mesa con un par de italianos que iban en furgoneta. Eran vendedores ambulantes de queso y embutido. Como siempre pasa en Italia rápidamente nos pusimos a hablar, nos explicaron lo que hacían y empezaron a sacar quesos y embutidos de la furgoneta. Aquello se convirtió en un festival con intercambio de tarjetas incluido, ¡vete a saber si gracias a esa comida ya están exportando sus productos a España!.

 

 

Con la panza bien llena empezamos la tarde subiendo una bonita carretera de montaña hasta el Colle di Sampeyre.

En mis viajes anteriores para llegar allí pasé por una carretera increíble, la SP104 que, saliendo desde la SP422 se dirige hacia Elva pasando por un estrecho desfiladero lleno de túneles y galerías. Por lo visto, debido a los constantes desprendimientos, esa carretera está cerrada, una pena ya que es espectacular.

Cuando llegamos al col el grupo se dividió en dos. Tras la comilona, algunos no estaban con ganas de complicarse la vida y guiados por Miguel acortaron el recorrido bajando directamente por asfalto hacia Sampeyre. Otros seguíamos con ganas de tierra y tras Isaac Feliu seguimos por la pista Varaita que va carenando las montañas hasta el santuario di Valmala, tremendo. Esa pista no la había hecho nunca, es preciosa, ¡que vistas!.

Tiene su miga, no es complicada pero está llena de piedras que no permiten distraerte ni un momento y más si ves a la altura desde la que caerías si tienes un despiste. Si a eso sumamos que iba intentando no perder la rueda de su GS800. Acostumbrado a llevar una GS1200 Adventure tuneada (HPR), Isaac llevaba la 800 como si fuese una enduro, imposible seguirlo… fue realmente divertido.

Tras una pequeña parada con foto de los 5 magníficos seguimos por carretera hacia Sampeyre. De allí ya nos dirigimos a nuestro siguiente hito, el  Colle di Agnello.

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De izquierda a derecha: Isaac, Pere, Mikel, Stefan y Pep

La subida al Agnello es impresionante con “tornantis” enlazados y vistas preciosas. De nuevo Isaac abría camino y yo le intentaba seguir. El asfalto no es lo mío y en cambio él es muy rápido y conoce bien el puerto pero pensé que con la chicha que tiene la Multistrada no podría conmigo. Ni así, en las cortas rectas lo pillaba pero en las curvas me sacaba más de lo que yo le recuperaba, ya se sabe lo del indio y la flecha… Tras un susto con un coche en una zona de niebla decidí que lo prudente era tragarse el orgullo y aguantar la sorna con la que me recibiría arriba (evidentemente no me libré), tirar la toalla y seguir de una sola pieza.

De todas formas disfruté muchísimo oyendo el poderoso sonido de esta moto al acelerar, saliendo disparado tras cada tornanti, frenando a saco y sin que me hiciera ni un raro… ¡que segura es esta Ducati!!

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Tras el precioso Agnello venía el impresionante Izoard. Otra vez una subida a buen ritmo hasta llegar a ese paisaje lunar previo a la coronación del puerto. No me canso de pasar por esas carreteras, que maravilla.

De bajada hasta Briançon y de allí a Montgenèvre, Claviere, Cesana Torinese y hacia el Valle Argentiera donde íbamos a acampar. A pesar de llevar muchas horas y kilómetros a cuestas no me sentía cansado y tenía aún ganas de moto, quería llegar a la cima del valle y estaba seguro quién me acompañaría: Stefan, el “crazy german” 😀

No hizo falta mucho para convencerle, un gesto y lo tenía detrás mío con una sonrisa de oreja a oreja. Salimos disparados para evitar que se hiciera de noche. La pista invitaba a dar gas y subimos ligeros hasta lo más alto pasando por el precioso valle y sus cascadas. Una maravilla. Es en estos momentos en los que te das cuenta de la diferencia entre ir en moto o en coche. En moto formas parte del paisaje, en coche es como si lo vieras por televisión. El aire en la cara, los olores… es tan diferente!… Al llegar arriba no pudimos evitar darnos un abrazo, estábamos eufóricos. ¡Que preciosidad!.

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En lo alto del valle Argentiera

 

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Las dos campeonas. La Ténéré me sigue gustando…

 

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Con Stefan, un crack

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Estuvimos un rato hablando, no teníamos ganas de bajar. Stefan me comentó que estaba encantado con este viaje, tan diferente de los que se organizan en Alemania donde todo está perfectamente estructurado sin margen de improvisación. Por ejemplo una espada sin alguien de la organización como la que habíamos hecho era impensable. Al cabo de un rato se nos unió un ciclista al que habíamos adelantado… ese sí que tenía mérito. Aprovechamos para pedirle una foto para inmortalizar el momento. Luego llegó Isaac que nos guio por un camino de vuelta diferente con una bajada muy empinada que tenía su cosa, la guinda a un día perfecto.

Cuando llegamos a la zona del campamento ya estaba reunido el grupo. 30MPS había llevado hasta allí todo lo necesario para acampar: tiendas, equipajes, comida… una organización de lujo. De hecho, al haber salido dos días más tarde que el grupo yo era el único que llevaba el equipaje a cuestas, el resto llevaba lo mínimo puesto que la organización transportaba todo lo demás.

En un momento teníamos las tiendas montadas y un buen aperitivo mientras encendíamos la hoguera donde se asaría la carne. Increíblemente éramos los únicos del valle. Y también los que no dejamos dormir a los pobres animales que viven allí todo el año y que nos deberían maldecir los huesos hasta altas horas de la noche… el vino y la cerveza causaron estragos. Una noche extraordinaria en compañía de nuevos amigos.

Me fui a dormir pensando en lo que nos esperaba al día siguiente: el Jafferau y el Sommelier, ¡poca broma!!

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La hoguera en un valle perdido: impagable

 

 

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