Hace ya siete años hice un viaje inolvidable desde Barcelona hasta Grecia pasando por los Balcanes (aquí lo cuento). Fui con una Ducati Multistrada Enduro y en solitario, por lo que no me atreví a meterme en muchos líos y fue mayoritariamente asfáltico, aunque hice algunas pistas y al llegar a Grecia varias etapas del Hellas Rally para motos adventure.

Aquel viaje me marcó: la triste historia de la guerra en la antigua Yugoslavia, una naturaleza espectacular y la hospitalidad de sus habitantes, hizo que me quedaran muchas ganas de volver por esa zona, pero esta vez apartándome del asfalto y recorriendo sus caminos y pistas.

Por eso, cuando conocí a Roman y Tomaz en la feria Eicma de Milán, y me contaron que iban a organizar el Bosnia Quest, un evento para motos trail que recorría algunos de los lugares más bonitos de Bosnia, vi una oportunidad para volver.  Pero ya que iba hasta allí, quise ampliar el radio de acción a Montenegro y Albania, dos países que también me gustaron muchísimo, así que empecé a trabajar en el proyecto.

La idea era participar en el Bosnia Quest (4 días) y luego seguir el recorrido del TET de Bosnia, Montenegro y Albania con algunas modificaciones, para luego volver al punto de inicio por asfalto, visitando algunos de los sitios que más me gustaron en mi anterior viaje.

En esta ocasión, la mayor parte del viaje sería off, por lo que no me planteaba ir sólo. Expliqué el proyecto a varios amigos y enseguida se apuntaron seis. Pero no todos tenían tanto tiempo. Dos de ellos sólo participaron en el Bosnia Quest y dos más únicamente en la segunda parte del viaje, así que para el recorrido completo sólo quedamos dos: Jordi y yo.

La logística fue un poco compleja, pero funcionó bien. Los dos que participaban en el BQ fueron hasta allí en coche y remolque por carretera. Los cuatro restantes iríamos dos en furgoneta llevando las cuatro motos, y los que tenían menos tiempo en avión hasta Sarajevo.

El recorrido de la furgo era: ferry hasta Roma, cruzar Italia hasta Ancona, ferry hasta Splitz y carretera hasta Sarajevo. El regreso sería igual. Yo era el que pringaba más, llevando la furgo ida y vuelta, pero tener tiempo tiene eso… en mi caso eran 18 días de viaje en total.

Al principio pensé que tantos días de ferry se harían pesados, pero tengo que reconocer que esos barcos son muy correctos y con buena compañía el trayecto fue muy agradable.

Metiendo las motos y el equipaje en la furgo

Llegando a Splitz

En Ancona

Cruzando Italia no podía faltar una buena comida de pasta

Croacia

BOSNIA QUEST

Tras un viaje sin incidencias, el 24 de junio llegábamos Jordi y yo al hotel que servía de base de operaciones del Bosnia Quest. En total, éramos unos 60 participantes de diferentes países, todos con ganas de pasarlo bien. La mayoría con motos monocilíndricas ligeras y bien preparadas. Muchas Honda CRF300, Husqvarna 701, KTM690, algunas enduros “adventurizadas”, y para mi sorpresa un montón de Kove 450 Rally. Bicilíndricas creo que sólo había una Norden, un par de KTM 890, una Ducati DesertX, una GS1250, una Africa Twin y nuestras dos Kove 800.

El Hotel Monti fue la base de operaciones

El parque cerrado

Con Jordi, ya faltaba menos para empezar!

Por la noche hicieron el briefing. El BQ es un evento no competitivo que lo que busca es llevar a los participantes por lugares poco concurridos, pero de una belleza espectacular. Nos pasaron 24 rutas con un total de más de 1000km. Cada día podíamos escoger las rutas que quisiéramos, algunas salían desde el hotel, a otras se tenía que acceder por un enlace de carretera… lo único que teníamos que hacer era avisar a la organización cual era nuestra elección.

También nos entregaron un localizador por si teníamos algún problema, y un mapa con waypoints donde la organización había puesto unas pequeñas chapas con un código que teníamos que anotar para demostrar que habíamos pasado por allí. De esta manera acumulábamos puntos de cara a una hipotética clasificación final. La verdad es que ni Jordi ni yo estábamos muy por la labor de estar buscando esas plaquitas, que a veces estaban muy escondidas y hacían perder bastante tiempo, así que si no las veíamos rápido nos las saltábamos y a dar gas.

Roman y Tomaz en pleno briefing

Estudiando el recorrido

Fueron cuatro días de recorridos impresionantes por alta montaña, muchos kilómetros sin ver a nadie o compartiendo un té con los locales que siempre estaban encantados de abrirnos sus puertas. Genial!

Nosotros hicimos entre 200 y 250 km diarios. Puede no parecer mucho, pero es que el terreno era muy machacón, con millones de piedras y cantos rodados que no permitían relajarte ni un segundo. La sensación de que la moto flota sobre ellas y va donde quiere es muy chunga. El miedo a los pinchazos, también. Pasábamos por sitios en los que ni siquiera había camino y otros muy complicados en los que había que currarse cada kilómetro.

Algunos tramos eran verdaderamente endureros

Las dos Kove 800 en acción

Paisajes preciosos

Algunos equipos se lo tomaron muy en serio. Los que sumaron más puntos se levantaban al salir el sol, se separaban en dos grupos y así conseguían llegar a más waypoints. Nosotros nos lo tomamos con más calma, gozando de la compañía, los paisajes, grabando, haciendo fotos… aprovechando el buen desayuno del hotel y llegando a una hora razonable para relajarnos y charlar con el resto de participantes. Nuestra prioridad era disfrutar del viaje, aunque siempre había el típico rato de gas y adrenalina.

El evento tiene mucho de aventura donde hay que buscarse la vida. Algunos tracks no estaban comprobados. En otros, tenías que pasar por bosques donde los madereros habían dejado roderas que llegaban a la cintura (usan unas máquinas enormes con cadenas en las ruedas que crean unos surcos inmensos). Si te metías en esas roderas con una moto de 200kgs tenías muchos números de no poder salir. Algunos senderos pedregosos eran aptos sólo para motos de enduro y con buenas manos… ¡El pobre que iba con la GS1250 sufrió mucho!!

Una tarde nos encontramos una zona con pozas llenas de barro. Los madereros habían pasado por allí destrozando el camino. Jordi iba delante y escogió una trazada donde parecía que el barro era poco profundo. Error, se quedó completamente clavado. El barro era como una ventosa, si metías un pie podías sacarlo sin la bota, nunca había visto algo así. Tardamos casi dos horas en sacar la moto de allí.

Exhaustos, seguimos el camino hasta llegar a una fuerte pendiente con las famosas roderas. Yo habría dado la vuelta allí mismo, pero a Jordi aún le quedaban fuerzas y se puso delante a explorar el terreno. A medida que bajábamos la cosa se complicaba más y no veíamos ninguna traza de otras motos, así que decidimos dar la vuelta. Allí gasté las pocas fuerzas que me quedaban, llegamos arriba, pero si la cosa se hubiera complicado más, lo habría pasado mal.

Otros equipos fueron más prudentes y dieron media vuelta antes al ver la situación. Por suerte encontramos la forma de salir de allí y un grupo de madereros nos ofrecieron un té que nos reanimó, en todos lados encontramos gente muy maja y con ganas de ayudar, nada que ver con las malas caras que estamos acostumbrados a ver cuando vamos en moto por el campo.

Así dejan el bosque las máquinas de los madereros

Había que buscarse la vida cuando el camino desaparecía

Otro día seguíamos un track por el que se veía que hacía años que no había pasado nadie. Hierba alta hasta el manillar, troncos atravesados… nos encontramos con cuatro participantes que estaban dando la vuelta. Uno de ellos con el embrague quemado, los otros con caras de estar muy cansados. Nos dijeron que se habían encontrado con un muro de tierra imposible de superar.

Llevábamos muchos kilómetros hechos como para dar la vuelta, así que quisimos probarlo. La pared era un talud de un par de metros que supongo servía para desviar el agua de las riadas. Usando nuestra experiencia en el trial, hicimos una trazada con los pies, sacamos algunas piedras, troncos y conseguimos superarlo. El problema es que nos encontramos con tres más, cada vez más complicados, y poco después con el cauce seco de un río imposible de atravesar. Media vuelta y a hacer un montón de kilómetros buscándonos la vida. Alguien inexperto lo habría pasado mal. Aquel día llegamos a las diez de la noche al hotel, una buena machacada.

Imposible cruzarlo

La culminación de nuestro Quest fue una subida espectacular a la cima de una estación de esquí. Para llegar al waypoint no había track. Cada equipo tenía que escoger la forma de llegar hasta allí. Usando el Osmand, marqué el punto, la app nos dibujó un recorrido y empezamos a seguirlo. Iba delante y a medida que subíamos la cosa se complicaba más. De repente empezó a haber niebla, no se veía nada y no tenía ni idea de hacia dónde nos llevaba el track, pero la subida era cada vez más empinada. De repente nos encontramos con una tartera de piedra suelta y fortísima pendiente: gas a fondo, la moto al corte, haciendo eses y rezando para no quedar parados, habría sido muy complicado salir de allí, incluso dando la vuelta. Por suerte conseguimos llegar a la cima con la adrenalina y las pulsaciones a tope. Al llegar al hotel y explicar que habíamos pasado por allí, las caras de los organizadores lo decían todo, ¡no era la mejor opción!

Lo cierto es que el hecho de que el recorrido tuviera esos puntos “picantes” le añadía ese plus de aventura que en el fondo todos buscamos, y si bien en algún momento nos cabreamos (odiamos tener que dar la vuelta), con el tiempo será de aquellos recuerdos que Jordi y yo seguro que comentaremos con una cerveza en la mano. Y por lo que hablé con otros participantes el día de la celebración final, creo que no somos los únicos, los que acabaron estaban muy contentos de haberlo conseguido.

En mi caso, sufrí en algún momento, pero en general disfruté mucho, y la moto influyó decisivamente. La Kove 800 me permite meterme por sitios impensables con otra bicilíndrica más alta o pesada. Llegar bien al suelo y poder moverla con facilidad era imprescindible en los fregaos en los que nos metimos. Un grupo de participantes a los que adelantamos un par de veces nos comentaban que Jordi y yo parecía que lleváramos motos de enduro en lugar de motos trail. No hay para tanto, pero cada vez estoy más convencido de que es la trail ideal para ese mix on/off cañero que tanto me gusta.

El Bosnia Quest, es un evento genial para gente experta en búsqueda de dureza y aventura. El terreno es espectacular, y de momento se puede pasar por sitios impensables en otros países, pero tienen que dejarlo muy claro antes para no tener problemas con gente que se inscriba sin el nivel requerido. También han de pulir aspectos como la comprobación de los tracks y dar alternativas a los puntos más complicados. Pero la base es buena, y los recorridos espectaculares.

Y no he hablado de los tramos por asfalto. No había muchos, pero pasaban por lugares y carreteras preciosos.

La verdad es que no me importaría volver… ¡quién sabe, el año que viene lo hacen en Montenegro, puede ser una pasada.

El último día llegaron Marc y Andreu. Con ellos haríamos la segunda parte del viaje: Bosnia, Montenegro y Albania. Pero eso lo contaré en el próximo post.

Unas cuantas fotos de este gran recuerdo: