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El comedor del hotel Dar Azawad en M’hamid. Fantástico

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Típico desayuno de hotel marroquí, en general ya nos serviría hasta la hora de cenar.

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La entrada del hotel

Tras un buen desayuno en el hotel nos dirigimos al pueblo para llenar los depósitos. Solemos hacerlo en una de esas tiendas-gasolinera que no dejan de sorprenderme cuando estoy por allí.

Albert ya le iba cogiendo el truco a la complicada operativa de aflojar el equipaje para llegar al depósito de gasolina de la 690, llenar la bolsa de gasolina, atarla…

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La “gasolinera” de M’hamid

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M’hamid está muy cerca de la frontera con Argelia, es el final de la civilización y de la carretera asfaltada que viene de Zagora. A partir de allí solo encontraríamos arena y piedras hasta Foum Zgid. Sólo salir del pueblo en dirección sur aparecen los primeros bancos de arena. La última vez que pasé por aquí fue con la Super Tenere y en una caída rompí el ventilador. Allí empezó una aventura que me llevó a probar lo que se siente viajando en solitario… y a acogerle el gustillo, pero eso es otra historia que ya he contado: Crónica Marruecos 2013.

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Primeros bancos de arena a la salida de M’hamid

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Llanuras inmensas por cruzar

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Albert y yo recordábamos este inicio del recorrido como bastante complicado. Pequeñas dunas y una pista con arena muy blanda y grandes roderas de los 4×4 hacen que se tenga que trabajar bastante con las motos. Lo cierto es que descansados y con nuestras motos más ligeras que en viajes anteriores pasamos este bonito tramo sin problemas.

A partir de allí se suceden las pistas relativamente rápidas con otras más pedregosas en las que hay que ir con cuidado para no pinchar. Al cabo de un buen rato llegábamos al Oasis Sagrado. Nuestra decepción fue ver que estaba cerrado. Este minúsculo oasis en medio de la nada era un punto en el que parábamos a beber y descansar antes de cruzar el Erg Chegaga. Incluso se podía dormir en el albergue. Era un sitio muy bonito y bien cuidado pero esta vez tendríamos que pasar de largo.

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El Oasis Sagrado

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Concentración de ranas en el pozo del oasis

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Toda la vida del oasis depende de este pequeño manantial

A partir de allí hay teníamos dos opciones. La clásica es tomar la pista del noroeste que lleva directamente hasta Foum Zguig. La nuestra en cambio se dirige hacia el sur y se acerca mucho a Argelia pasando por el sur del Erg Chegaga un mar de dunas enorme donde hace unos años, también con Albert, lo pasé fatal con la BMW GSA. Creo que esta pista se había utilizado en el antiguo Paris-Dakar.

El paisaje con el Erg Chegaga al fondo es impresionante: arena y dunas hasta donde la vista puede abarcar y ni un alma en todo el trayecto. Las primeras dunas fueron una tentación demasiado grande y empezamos a cruzarlas, en una de ellas a Albert se le clavó la rueda delantera y saltó por delante. Yo iba justo detrás y pude para a tiempo pero el vuelo fue de lo más bonito ;). Por suerte iba a baja velocidad y todo quedó en una costilla dolorida y un retrovisor roto.

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Un poco más tarde fui yo el que se quedó clavado así que decidimos que lo mejor era no tomar más riesgos en este remoto rincón del mundo. La pista era cada vez menos evidente y en más de un tramo desaparecía por completo. En algunos puntos no había más remedio que cruzar por las dunas. Recordaba perfectamente este tramo y la angustia que pasé con la GSA cuando ya agotado me di cuenta de ya había pasado el punto de no retorno. Esta vez era muy diferente, ya conocía el recorrido y con la 660 me veía capaz de afrontarlo.

Aun así es un tramo duro. Mucha arena blanda, mucho calor y muy largo. Pero vale la pena, de lo que conozco de Marruecos esto es lo más parecido a la idea que siempre me había hecho del desierto: arena, dunas, desolación, aislamiento…

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Llegando al Erg Chegaga

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Primeras clavadas en el erg

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El Chegaga es mucho más grande e impresionante que el popular y masificado Erg Chebbi en Merzouga.

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Las dunas del Erg Chegaga son enormes

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Muerto!!

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Al cabo de un buen rato fuimos dejando las dunas atrás. Delante se extendía una llanura inmensa y completamente plana: el Iriki, un lago seco que cuando llueve mucho queda inundado. Esta vez sólo estaba húmedo y las ruedas se hundían un poco sin representar ningún problema… pero siempre da un poco de “yuyu”.

Tras el Iriki y a diferencia de la vez anterior en la que llegamos hasta Tata, mucho más al sur, nuestro recorrido iba girando hacia el norte rumbo a Foum Zgid. Este tramo era desconocido para nosotros y fue precioso. Cruza unos valles entre montañas de formas muy curiosas y las pistas son muy divertidas. Al cabo de un rato nos encontramos con un puesto militar donde nos pidieron los pasaportes. Siempre llevo fotocopias que les voy dando y así no tienen que apuntar mis datos y ahorro tiempo (ellos también lo agradecen), pero Albert no las llevaba. De repente, por el intercomunicador le oí decir todo tipo de improperios, no encontraba el pasaporte. Empecé a buscar el mío y tampoco lo tenía. Los habíamos dado en el hotel la noche anterior y no nos los habían devuelto!.

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Curiosas montañas en la pista hacia Foum Zguid

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Nos dirigimos a Foum y desde allí telefoneamos al hotel. Así era, los tenían ellos. Esta noche dormíamos en Zagora y nos los llevarían al hotel, menos mal, no nos apetecía nada volver a M’hamid…

Desde Foum Zgid a Zagora la carretera ya es asfaltada así que llegamos bastante temprano. Tras una ducha más que necesaria nos fuimos a un taller en medio de Zagora (creo que se llama Garage Iriki) donde nos limpiaron las motos y los filtros de aire. Era espectacular ver a esos chicos trabajando a destajo, con las mangueras a presión en medio de la calle, sin horarios y siempre con una sonrisa… así da gusto.

Con las motos a punto nos fuimos a cenar. Mientras lo hacíamos llegaron los pasaportes, buena gente!!
Al día siguiente teníamos una etapa que nunca habíamos hecho, de Zagora a Erfoud pasando por el paso de M’hared y las ruinas de la Ciudad Perdida, la cosa prometía!!

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Coches, motos, personas, alfombras… todo cabe en una calle de Zagora

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Mi moto en manos de personal altamente cualificado 😉

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Las KTM gustan mucho

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Tomando un te mientras acaban nuestras motos

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Y una Flag (cerveza marroquí) en el hotel