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Sábado 27 de marzo 2015: Melilla-Missour: 470 km.

Como comenté en el post anterior, esta vez el viaje lo he hecho en compañía de mi buen amigo Albert, con quien hemos compartido muchos km de moto y grandes momentos.

Marruecos es un país que conocemos bien y que tiene una atracción especial para los dos. Hemos estado en varias ocasiones y nunca nos decepciona: su salvaje naturaleza llena de contrastes, las zonas todavía vírgenes por las que viajamos, sus gentes encantadoras y hospitalarias, su luz tan especial… pero sobretodo el desierto. ¿Qué tendrá el desierto que nos obliga a volver una y otra vez?.

En Marruecos hemos disfrutado y sufrido como en ningún otro sitio. Es como si jugara con nosotros y nos quisiera poner a prueba para comprobar si le merecemos. Pero como buenos masoquistas (siempre hay algo de masoquismo en los moteros), ese sufrimiento y la capacidad para superarlo es un aliciente más para volver.
Teníamos diez días de vacaciones, dos de ellos los perdíamos en el recorrido Barcelona-Almería donde dejaríamos el coche y el remolque para embarcar ya con sólo las motos. El desembarque sería en Melilla para de allí cruzar a Marruecos en la frontera con Nador.

El viaje combinaba alguna de nuestras rutas preferidas con otras nuevas que habíamos conseguido de internet y de amigos. También algún tramo que tendríamos que improvisar y que añadía un punto de aventura interesante.

Como siempre, los días previos se hicieron insoportablemente largos, nos moríamos de ganas de salir. Listas interminables de cosas para llevar, reserva de billetes y hoteles, puesta a punto de las motos…

Para poder viajar más ligeros esta vez habíamos dejado las tiendas de campaña y escogido la comodidad de los hoteles. El problema de esta decisión es que la zona que queríamos recorrer es de las más remotas e inhabitadas de Marruecos y por tanto los hoteles no abundan. Eso significaba jornadas muy largas con promedios de unos 400 km por día.

Somos muy optimistas (y en algún momento irresponsables) y eso no nos echó para atrás, los ocho días tenían que ser suficientes para hacer el recorrido previsto, si teníamos que dar más gas y pasar más horas en moto lo haríamos.

Tras casi 1000 km de aburrida autopista llegábamos a Almería, donde a las 11 de la noche embarcábamos en el ferry. A las ocho de la mañana llegábamos a Melilla.

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Por fin en marcha: más de 800 km de autopista hasta Almería

 

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Cena en Almería antes de embarcar

 

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Haciendo cola antes de embarcar. Una preciosa Triumph

 

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Atando las motos dentro del ferry

 

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Adiós Europa!

 

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Hola África!

 

La sensación de salir del barco montados sobre la moto es fantástica. Ya estábamos en África, para lo bueno y para lo malo… y lo malo es la frontera entre Melilla y Marruecos. Caos total. Gente amontonada en frente de una garita sin orden ni concierto, todos intentando colarse, gritando, empujando… Primero hay que conseguir que te timbren el pasaporte, luego los papeles de la moto. Más de dos horas perdidas sufriendo por las motos y el equipaje que habíamos tenido que abandonar entre el tumulto.

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Colas y empujones en la frontera

 

Por fin conseguimos tener todos los papeles y cruzar esa frontera típica del tercer mundo. Para cumplir con nuestra tradición fuimos a un bar que nos queda al lado de un banco. En el cajero automático del banco sacamos dinero marroquí (Dirhams) y en el bar desayunamos el primer delicioso zumo de naranja, pan marroquí, una tortilla y te dulce con menta… ahora sí!! Ya estábamos en el Marruecos que nos gusta!!.

Teníamos que recorrer 470 km desde Melilla hasta Missour cruzando el impresionante Plateau de Rekam. Salimos de Melilla con los depósitos casi llenos, teníamos 120km hasta Taourit donde repostaríamos. De allí nos quedaban 300km en medio de la nada hasta Outat. Un nuevo repostaje y 45km de carretera hasta Missour.

Yo no preveía problemas de autonomía ya que puedo superar tranquilamente los 300 km. Aún así llevaba casi dos litros en el tool box que llevo en un lateral de la moto. Albert y su KTM ya tenían más problemas por eso compró en Australia una bolsa especial para gasolina de 6 litros que llevaba atada sobre el equipaje. Le funcionó muy bien pero cada repostaje era todo un proceso: desatar el equipaje para poder abrir el tapón del depósito (en la 690 va tras el asiento y por tanto quedaba tapado por las bolsas), vaciar la bolsa en el depósito, llenar la bolsa en las gasolineras… por suerte al final del viaje ya lo tenía muy por mano y lo hacía en un plis plas.

El Rekam es un inmenso altiplano en el que estar sobre los 1200 o 1300 metros de altura es muy normal. Si ha llovido el agua queda estancada y se forman unos horribles barrizales por los que es muy difícil avanzar. Por ello no es nada aconsejable ir solo si ha llovido.

El primer tramo saliendo de Nador es de asfalto pero al cabo de unos kilómetros empiezan las pistas. Es fantástico cuando tras la autopista, el barco, la frontera y el asfalto puedes dar gas en la tierra. Nos pasa siempre, es como cuando salen los niños al patio del colegio pero con tíos mayores y con motos: gas a tope, derrapadas, caballitos… la adrenalina contenida se desmadra… un rato, ya que hay que evitar sustos el primer día. Lo cierto es que la sensación es fantástica.

Esta vez teníamos un nuevo track que recorre pistas que se habían hecho hace unos años cuando el rally Paris-Dakar pasaba por Marruecos. Unas pistas preciosas y generalmente rápidas con puntos a más de 1500 metros en las que incluso pisamos nieve.

Por el camino nos encontramos muchas tortugas, algunas de ellas bastante grandes.

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El inacabable plateau du Rekam

 

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Nieve a 1500m

 

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Entre el retraso de la frontera y un pinchazo que tuvo Albert se nos hizo muy tarde. El sol se ponía y nos quedaban aún muchos kilómetros. Se hizo de noche, la ausencia de civilización nos dejaba ver las estrellas en todo su esplendor, un espectáculo que no pudimos disfrutar mucho tiempo ya que se nos hacía muy tarde. Hacía frío, empezó a llover un poco… cruzamos los dedos para que no lo hiciera con más intensidad, el barro del Rekam y de noche no era una buena combinación. El viaje empezaba bien… Por fin, tras casi tres horas sin ver ni una luz, ni una persona, llegamos a Outat, donde pusimos gasolina y ya por carretera fuimos hasta Missour donde llegamos a las 11 de la noche… menuda paliza!.

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Rekam

 

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Primer pinchazo

 

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Anochece en el Rekam… y aún queda mucha ruta

 

Al llegar al mismo hotel me acordé daño en que vine con la GSA. Esta vez fui yo el que pinchó, también hicimos una buena nocturna (debe ser una tradición del Rekam) y llegué destrozado pensando que si ya estaba así el primer día me sería imposible acabar el viaje. Para colmo había un rally y el hotel estaba a tope, tanto que se habían vendido nuestras habitaciones. Por suerte los dos metros de Albert impresionaron al recepcionista que nos buscó habitaciones donde no las había.

Este hotel (Baroudi) es el peor de los que fuimos. Le llamamos el hotel arácnido, ya podéis imaginar porqué sin embargo llegamos siempre tan cansados que mientras haya una cama nos vale. La sorpresa fue cuando nos dijeron que no teníamos habitaciones reservadas… no podía ser, otra vez igual!!.
Resulta que al efectuar la reserva nos equivocamos y pusimos mes de abril en lugar de marzo. Por suerte esta vez no había nadie en el hotel y el problema se solucionó rápidamente. Por cierto, nos sorprendió que a pesar de que el ferry iba a tope no viéramos a nadie en todo el día.

Una rápida cena en el hotel y caí redondo en la cama…

A tener en cuenta:

– El ferry de Almería a Melilla sale por las noches por lo que se amanece en Melilla, de esta forma se ahorra una noche de hotel.
– Si no sois muy “aventureros” recomiendo reservar camarote. La zona de butacas suele estar muy abarrotada con gente durmiendo tirados por todos lados, niños llorando, ronquidos y olores variopintos…
– La frontera con Melilla es un horror. Si puedes entrar por Nador o Tanger Med son muchísimo mejores.
– Si no puedes salir rápido del barco es mejor que te lo tomes con calma te pegues un buen desayuno en Melilla (nunca en el ferry!!) y llegues a la frontera cuando el mogollón de gente que sale del barco ya haya pasado.
– Si has estado antes en Marruecos es muy importante que conserves el papel con la salida del vehículo que hayas usado. Este papel es la prueba de que has vuelto a salir con la moto/choche, si no lo tienes y ellos no lo han registrado (muy posible) tendrás problemas para volver a entrar con otro vehículo.
– Al llegar a la frontera marroquí te aparecerá un montón de gente ofreciéndote ayuda para entrar, no sirven de mucho pero por lo que cuestan (dependerá de tu capacidad de negociación) yo los uso. En algunos casos me han ayudado a colarme pero en otros no. Vale la pena buscar en internet los papeles que son necesarios para llevarlos ya cumplimentados. Hay que hacer dos colas, la primera para que te sellen el pasaporte. Una vez lo tienes sellado hay que hacer el trámite para que te dejen entrar la moto (hace falta la documentación y la carta verde del vehículo. Es recomendable que tanto el pasaporte como la carta verde tenga una validez creo que de tres meses como mínimo.
– Da bastante yuyu dejar la moto sin vigilar en medio de tanta gente. Hasta ahora nunca me han tocado nada pero intento llevar conmigo todo lo de valor.
– Lleva copias de todos los papeles, nunca me ha pasado nada pero más vale prevenir.
– Los cajeros automáticos funcionan perfectamente para sacar dírhams. 1€ son 10 dirhams aprox.
– La carrera de Melilla a Nador está plagada de radares móviles